Con las refugiadas y los refugiados de Palestina

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Tejiendo Redes

LA DELEGACIÓN DE MUJERES SE DESPIDE DE PALESTINA

Ya estamos en casa. Los últimos días han sido ajetreados e intensos, por eso hasta hoy no hemos podido colgar la crónica de nuestro último día en territorio palestino. La delegación de mujeres, apurando su estancia,  visitó durante esa última jornada Hebrón, una de las ciudades más antiguas del mundo, la más poblada de Cisjordania después de Jerusalén, y considerada sagrada para las religiones cristiana, musulmana y judía.

Hebrón es la única ciudad de Cisjordania donde existe un asentamiento o colonia judía dentro del área urbana. Allí viven 600 colonos junto a aproximadamente 1.500 militares israelíes, que están destinados allí para proteger a la población judía. Si la tensión asociada a la situación de ocupación militar está presente en cualquier rincón de Cisjordania, es en Hebrón donde se hace aún más palpable.

En Hebrón viven 170.000, palestinos, alrededor de 35.000 lo hacen en la zona denominada Hebrón 2 (H2), que está controlada por la fuerza militar israelí (el 20% de la ciudad) y que incluye sus lugares más emblemáticos y estratégicos. Las violaciones de Derechos Humanos que se registran en esta parte de la ciudad incluyen desprotección ante la ley, restricciones a la libre circulación (62 familias palestinas han quedado completamente aisladas del resto de la ciudad), cierre de comercios (de los 650 comercios que existían en H2 solo permanecen abiertos el 10%) y toque de queda permanente. Además, 17 checkpoints (puestos de control militar) impiden a la población palestina conducir o caminar dentro de H2. Un palestino nos cuenta el rodel de al menos 2 kilómetros que debe dar para llegar al cementerio, que está situado a escasos 50 metros de su casa, dado que todos los accesos directos han sido cortados.

Además de la violencia asociada a la militarización, la población palestina ha de hacer frente a las prácticas violentas de los colonos. Sobre algunas calles del antiguo zoco se ha levantado una red metálica a modo de protección ya que desde las colonias se arrojan basura, piedras y excrementos.

La dureza de la situación en Hebrón nos golpea en nuestra última jornada en Palestina. La vuelta a casa está marcada por los trámites y por las altas medidas de seguridad en el aeropuerto. Por fin, casi acabado el día, llegamos al aeropuerto de Bilbao, aunque a muchas de las viajeras todavía les quedaba un buen tramo hasta llegar a casa.

Las experiencias y los momentos compartidos nos acompañarán siempre. De todo lo vivido y aprendido nos queda además el cariño y la amistad forjada entre las viajeras.

Ahora viene la segunda parte, porque convertidas en “agentes de sensibilización”, estas viajeras trasmitirán y compartirán esta experiencia entre sus asociaciones, redes, los medios de comunicación y la ciudadanía vasca y, sobre todo, harán realidad el objeto de nuestro proyecto, la creación de redes de apoyo entre las organizaciones de mujeres vascas y palestinas.