Con las refugiadas y los refugiados de Palestina

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“IRÍAMOS AL MAR SI EL MURO NO ESTUVIERA. LA VIDA DEL OTRO LADO DEBE SER MEJOR” 

En 2002 cambió la vida para miles de palestinos y palestinas de Cisjordania. Ese año, Israel comenzó a levantar un Muro que medirá 700 kilómetros de largo una vez finalizado. Hoy en día ya tiene cientos de kilómetros y dificulta, aún más, la vida social, económica y el acceso a los servicios de la población cisjordana.

El Muro forma parte de un sistema de obstáculos que restringen la circulación de los palestinos, no solo fuera del territorio Palestino ocupado, sino también dentro de él. Miles de ciudadanos palestinos viven en comunidades que permanecieron entre el Muro y la Línea del Armisticio de 1949, reconocida internacionalmente y llamada Línea Verde. Desde 2022, estos ciudadanos necesitan permisos especiales para vivir en sus propios hogares. Además, el Muro ha supuesto la separación de familias enteras. 

Los niños y niñas en muchas zonas de Cisjordania crecen sin saber lo que hay detrás del muro, no pueden conocer a parte de su familia y no pueden jugar libremente donde quieran. La mayoría solo han escuchado las historias que les cuentan las personas adultas sobre cómo era la vida antes de la construcción del muro e imaginan cómo sería ver más allá. 

Hamza Erekat, tiene 20 años y es de Abu Dis, en Jerusalén. Nació el mismo año que fue levantado el Muro. Desde que tiene memoria, la barrera atraviesa el patio de su casa y solo desde la azotea puede ver más allá de los enormes bloques de hormigón sobre los que se vislumbra la Cúpula de la Roca. 

“Mis amigos de Belén no pueden venir a jugar aquí. Y los de Jerusalén tampoco pueden venir a mi casa junto al muro”, se lamenta Mahmud, un niño de Belén que no sabe lo que es vivir sin la enorme barrera. “Si el muro no estuviera, iría con mis amigos y conocería gente nueva”.  

Dima, de 12 años, Noor, de 10 y Farah, de 11, tampoco saben cómo era la vida antes del muro. Sus familiares les han explicado como antes su abuelo tenía varias tiendas a ambos lados del muro. El negocio era muy rentable, pero tras la construcción, tuvo que cerrarlas. Para las niñas, que solo pueden escuchar historias de cómo era vivir sin esa restricción, ir más allá de la enorme barrera es un como un sueño. “Iríamos al mar si el muro no estuviera. La vida del otro lado debe ser mejor”, explican. 

El 9 de julio de 2004, dos años después de la construcción, la Corte Internacional de Justicia concluyó que el trazado del Muro era ilegal y que las partes que se extienden dentro de Cisjordania violan las obligaciones de Israel en virtud del derecho internacional. Pidió que esas partes fueran desmanteladas. La Resolución de la Asamblea General de la ONU ES-10/15 del 20 de julio de 2004 exigió que Israel lo cumpliera. 

Sin embargo, el muro ha permanecido dificultando el día a día de miles de personas en Cisjordania.