Con las refugiadas y los refugiados de Palestina

LOS ORIENTADORES ESCOLARES DE UNRWA SE VUELCAN CON LOS MENORES EN UN LÍBANO AL BORDE DEL ABISMO

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“Uno de los pilares de mi trabajo como orientadora es brindar apoyo psicosocial tanto a estudiantes como a padres. Mi trabajo se basa en una comprensión detallada de sus necesidades. Propongo mecanismos con los que desarrollar todo su potencial“. Fida Hourani, es una de las 48 profesionales de UNRWA en Líbano que desarrollan su labor como orientadores y orientadoras escolares. La Educación en Emergencias es uno de los principales papeles de la organización en Líbano donde, con más ahínco que nunca, se trabaja el apoyo psicosocial de los estudiantes.

La población de Líbano en general, y la comunidad de refugiados y refugiadas de Palestina en particular, se está enfrentando en los últimos años y, en estos últimos meses con más ferocidad si cabe, al deterioro de las condiciones políticas, financieras, económicas y de seguridad en el país, agravadas por la pandemia de COVID-19. 

Desde el brote de COVID-19 en 2020 y la posterior aplicación del confinamiento que dio lugar al cierre de las escuelas de UNRWA, el programa de apoyo psicosocial cambió inmediatamente a una modalidad online para garantizar que los servicios continuaran sin interrupción. El equipo de orientación ha tenido que adaptar su enfoque al asesoramiento a distancia y las actividades que implican asesoramiento individual y grupal; sesiones de concienciación para estudiantes y cuidadores; actividades recreativas; y eventos comunitarios.

Tanto el personal de UNRWA como los estudiantes han mostrado una gran angustia psicológica y emocional por la gran incertidumbre que les rodea, lo que ha aumentado los sentimientos de miedo, ansiedad y desesperanza, entre otras preocupaciones. Se han introducido, por lo tanto, iniciativas específicas para promover el bienestar social y emocional en un entorno que ha visto un aumento de la incidencia de abandono escolar, divorcio, abuso doméstico y/o infantil, consumo de sustancias, acoso cibernético y violencia, así como aumento del trabajo infantil, por nombrar sólo algunos de los efectos más graves.

“Como orientadora escolar, organizo diariamente sesiones de apoyo individual y realizo regularmente ‘llamadas de seguimiento’ a los estudiantes”, agrega Fida. Así pueden hacer un seguimiento de su bienestar y les dan espacio para hablar abiertamente sobre sus miedos, ansiedad y estrés. Con estas llamadas también se fortalecen las relaciones con las familias y se detectan ausencias frecuentes a las clases y/o posibles riesgos de protección.

El trabajo de orientación se encuentra estrechamente ligado con el de la administración escolar, los maestros y maestras, los parlamentos de estudiantes y las organizaciones comunitarias. “Contamos con un riguroso sistema de derivación para detectar casos críticos. Nuestro objetivo es maximizar el alcance para que ningún estudiante se quede sin el apoyo que necesita”.

Además, desde el brote de COVID-19, se han lanzado numerosas campañas digitales, en colaboración con los estudiantes, para difundir mensajes sobre temas pertinentes como el abuso, el ciberacoso y el uso seguro de Internet. 

Al aprender a afrontar y superar positivamente las dificultades y presiones, los niños y niñas refugiadas de Palestina pueden mejorar su rendimiento académico y contribuir al desarrollo de sus comunidades.